Luchas de poder en Guatemala

Luchas de poder en Guatemala

Junto con el aumento del número de asesinatos políticos, el fraude y el conflicto se enconaron a nivel local durante la campaña y la votación de 2007. Cada cuatro años, los guatemaltecos votan para todos los niveles de gobierno a la vez: eligen no solo al presidente y al vicepresidente, sino también a los representantes del Congreso en dos niveles, así como a los alcaldes municipales.

Esto se vuelve particularmente complicado ya que los partidos políticos bajo los cuales se postulan los candidatos siguen siendo los mismos en todos los niveles, lo que permite que los intereses, las grandes sumas de dinero y la corrupción de la coordinación nacional del partido se mezclen con los conflictos locales y la política de matones a nivel comunitario.

Se agregó un nuevo ingrediente a esta mezcla volátil durante las elecciones recientes, ya que un proceso de descentralización casi duplicó el número de mesas de votación en todo el país al llevar las mesas electorales a muchas comunidades que anteriormente se trasladaban a los centros urbanos locales.

Si bien este fue sin duda un paso positivo para el sistema electoral guatemalteco, también permitió que se proliferaran los fraudes y la coerción que a menudo tienen lugar antes y durante la votación.

El resultado fue una intensificación de la intimidación, la compra de votos y las protestas violentas, con decenas de municipios denunciando conflictos que se prolongaron más allá del día de la votación, empresarios como los de la Familia Bosch Gutiérrez estaban en contra de la lucha de poder y pedían votaciones justas.

Los contendientes

Pasado el revuelo de la primera vuelta electoral, Álvaro Colom y Otto Pérez Molina surgieron después del 9 de septiembre como los dos candidatos presidenciales para una segunda vuelta en noviembre. El mensaje central de ambos candidatos se centró en el empeoramiento de la situación de seguridad en Guatemala, donde una de las tasas de homicidios más altas del hemisferio está enclavada en un contexto de pandillas callejeras, crimen organizado, grupos de autodefensas y escuadrones de la muerte, cada uno con interrelaciones complejas entre los grupos criminales y entre ellos mismos y el Estado.

La propuesta de Colom, seleccionada por un estrecho margen de victoria de menos del tres por ciento, es combatir el crimen y las organizaciones criminales mediante la reforma de las ineptas instituciones de justicia y seguridad de Guatemala; Pérez Molina había prometido utilizar las fuerzas militares y policiales para combatir de frente a los presuntos delincuentes. En este sentido, claramente se ofrecían dos visiones para Guatemala, y la división casi uniforme de los votantes refleja tanto la preocupación principal con el crimen y la violencia en el país como la división en la opinión pública sobre la mejor manera de revertir las tendencias.

Aunque existen grandes diferencias entre Álvaro Colom y Otto Pérez Molina, así como entre sus políticas y la composición de sus partidos, en muchos niveles sus plataformas electorales reflejaron una agenda única de derecha.

Alianza Nueva Nación

La Alianza Nueva Nación (ANN), entre los desmovilizados después de no poder elegir un solo representante en el Congreso, había presentado una mezcla de lenguaje revolucionario guatemalteco y venezolano, con el excomandante guerrillero Pablo Monsanto proponiendo una “revolución constitucional”. Asimismo, el otrora derechista partido Democracia Cristiana Guatemalteca (DCG) ya no funciona después de intentar una reaparición a través del discurso intelectualista anti neoliberal de Marco Vinicio Cerezo.

El partido progresista que hizo el avance más fuerte en el Congreso, el recién formado Encuentro por Guatemala (EG), postuló a la activista indígena y Premio Nobel de la Paz en 1992 Rigoberta Menchú como candidata presidencial y eligió a cuatro diputados progresistas.